Hoy, 26 de abril, la Familia Oblata se viste de fiesta para celebrar a Nuestra Señora del Buen Consejo. Una fecha profundamente arraigada en nuestra historia que nos invita a hacer memoria agradecida de nuestros orígenes y a renovar, con la misma fuerza del primer día, nuestro compromiso con las mujeres.
La historia de nuestra congregación no se puede entender sin la mirada y la guía de esta advocación mariana. Cuando el Padre Serra confió a Madre Antonia el inmenso y complejo desafío de iniciar una obra de acogida para mujeres en contextos de prostitución, el vértigo y las dudas lógicas se hicieron presentes. Emprender un camino tan a contracorriente y lleno de incomprensión en la sociedad de la época requería una audacia extraordinaria.
Buscando luz y dirección, Madre Antonia acudió a la iglesia de San Isidro en Madrid para orar ante la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo. Fue allí, en la intimidad de ese encuentro y bajo el amparo de María, donde nuestra fundadora encontró la certeza y la paz necesarias. Al salir de aquella visita, su corazón ya estaba decidido: dio su «sí» definitivo a la misión, plantando la semilla de la redención de lo que hoy es la Familia Oblata.
Un faro para los desafíos del presente
Más de dos siglos después, la esencia de aquel primer «sí» sigue latiendo en cada uno de nuestros proyectos, comunidades y recursos de acogida. Las formas han cambiado, pero la complejidad del acompañamiento a mujeres que sufren vulnerabilidad, trata o exclusión nos sigue exigiendo una inmensa sabiduría.
Por eso, hoy no solo celebramos un hito fundacional, sino que pedimos colectivamente el Don de Consejo. En el barro de nuestro día a día, necesitamos esa luz para transitar los caminos más difíciles.
Patrona y guía de nuestro caminar
En este día tan señalado, tenemos también muy presente que Nuestra Señora del Buen Consejo es la patrona de la Provincia Europa. Bajo su manto se cobijan y articulan todas nuestras obras en este territorio, impulsándonos a seguir construyendo lazos fuertes y trabajando en verdadera misión compartida.
Invitamos a toda la Familia Oblata, hermanas, laicado, voluntariado y equipos profesionales; a hacer una pausa consciente en este 26 de abril. Que, al igual que Madre Antonia, sepamos encontrar en la Virgen el aliento para que nuestras palabras acojan, nuestras acciones dignifiquen y nuestra presencia sea, hoy y siempre, un reflejo del amor de Jesús Redentor.
Hacemos nuestro este deseo para el día de hoy: que nunca dejemos de buscar luz y que, en el Buen Consejo, sigamos encontrando el coraje para abrazar la vida de quienes parecen no tener lugar en el mundo.
¡Feliz fiesta de Nuestra Señora del Buen Consejo a toda la Familia Oblata!









