El 1 de junio marca un hito fundamental en el calendario de la Familia Oblata. Celebramos 162 años de una misión que, lejos de ser un mero recuerdo histórico, continúa latiendo con fuerza en la actualidad. Más de un siglo y medio después de su nacimiento, la congregación celebra una trayectoria ininterrumpida dedicada a abrir puertas, crear espacios seguros de acogida y acompañar los procesos vitales de mujeres en contextos de prostitución, trata y exclusión social.
De Ciempozuelos al mundo: un legado sin fronteras
La semilla que germinó originalmente en la localidad madrileña de Ciempozuelos demostró rápidamente que su vocación no estaba destinada a quedar confinada entre las paredes de una sola casa. Aquel primer paso fundacional se ha expandido orgánicamente para tejer una inmensa red de apoyo internacional.
En la actualidad, esta labor se materializa a través de multitud de comunidades, proyectos sociales y equipos multidisciplinares. Una estructura dinámica que se hace presente exactamente allí donde una mujer necesita ser escuchada y sostenida, apostando diariamente por la cercanía humana, el cuidado integral y la defensa inquebrantable de los derechos fundamentales.
162 años después, la Familia Oblata continúa caminando e insertándose en una realidad cambiante. Frente a los nuevos retos, la congregación sigue dejándose interpelar por el presente, adaptando sus metodologías pero manteniendo intacta la intuición primera que le dio sentido: estar cerca de quienes más lo necesitan, garantizando que la justicia y la dignidad sean una realidad tangible para cada mujer.









