Entre los días 24 y 26 de abril, las hermanas que forman parte de las comunidades de proyectos de la Provincia Europa de las Hermanas Oblatas se han dado cita en Madrid. Este encuentro ha nacido con una vocación clara. Dar continuidad al proceso de discernimiento conjunto, fortalecer el diálogo y proyectar los pasos y cambios necesarios para seguir siendo respuestas vivas en nuestra misión compartida.
Para mirar hacia el futuro con audacia, primero es necesario hacer una pausa y mirar hacia adentro. Durante estas jornadas, las hermanas han compartido espacios de profunda reflexión. Han hecho memoria agradecida de todo el camino recorrido hasta hoy.
Reconocer juntas las fortalezas que sostienen el día a día y poner en palabras aquello que da verdadero sentido a la misión han sido los pilares fundamentales de este encuentro. Solo desde esa raíz compartida es posible seguir construyendo comunidades proféticas, capaces de adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia.
El perfume del amor oblativo
Uno de los momentos más enriquecedores de estos días ha venido de la mano de Marta García, hermana de Nuestra Señora de la Consolación. Marta ha guiado un profundo espacio de búsqueda e interpelación personal y comunitaria.
El hilo conductor de esta reflexión ha sido el pasaje evangélico de la mujer del perfume (Mc 14, 3-9). Una figura inspiradora que irrumpe con valentía, libre de los juicios ajenos, para entregar lo mejor que tiene. Su gesto, desbordante de amor y entrega incondicional, es el reflejo perfecto de lo que significa nuestra vocación: una entrega verdaderamente oblativa.
Fieles a la escucha bajo el Buen Consejo
El encuentro no podía tener un mejor inicio ni un mejor cierre. Las jornadas comenzaron compartiendo la Eucaristía junto a las hermanas de las comunidades de Madrid en la Capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo. Allí, bajo la mirada de la Virgen, se renovó la invitación a mantener una actitud de «escucha fiel». La misma que guio los pasos de Madre Antonia en los inicios de la congregación.
Como broche de oro, la clausura del encuentro coincidió con la alegría de celebrar juntas la gran fiesta de la Provincia, sintiendo con más fuerza que nunca la comunión de toda la Familia Oblata.
Volver a los proyectos tras estos días de fraternidad nos recuerda que nuestro verdadero envío es custodiar aquello que perdura: nuestro carisma. Salimos con el corazón renovado, dispuestas a seguir siendo transmisoras de ese gesto de amor desbordante que dignifica, acoge y transforma la vida de las mujeres.









