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27 junio, 2022 / Oblatas
Devoción al Perpetuo Socorro, legado de nuestros fundadores

El 27 de junio celebramos la fiesta del Perpetuo Socorro, una advocación mariana representada en un icono de la Theotokos, la Madre de Dios con su Hijo, ya crecido, en brazos.

Desde 1866 el Icono original tiene su santuario en la iglesia de San Alfonso, de Roma. Pero su devoción alcanza a todos los rincones del mundo.

A España llegó la primera copia del icono en 1867, al año de ser restaurado su culto en Roma. Se expuso en Huete (Cuenca), primera fundación redentorista en España y allí realizó el primer milagro, al curar de su ceguera a un niño llamado Lucas.

En febrero de 1870 Madre Antonia, animada por su amigo el Padre Nicolás Maurón, Superior General de los Padres Redentoristas, se siente llamada a formar una comunidad de religiosas bajo el nombre de “Oblatas del Smo. Redentor”, que le regala el religioso suizo.

Se da pues una incorporación de las Hermanas Oblatas del Smo. Redentor a la familia redentorista, heredando y enriqueciendo, de forma recíproca un patrimonio común. Así, Antonia sella su vocación oblata con su Primera Profesión el 25 de marzo de 1873 en manos del Padre José María Benito Serra, amigo y guía fiel en el camino.

Más adelante, nuestra fundadora solicita en 1884 a los Padres Redentoristas de Roma el cuadro del Perpetuo Socorro, para la Iglesia de la casa Madre en Ciempozuelos.

La imagen del Perpetuo Socorro es copia auténtica del original, que se venera en la Iglesia de San Alfonso de Ligorio en el Esquilino, de Roma. En el reverso consta el certificado de la auténtica concedida por el P. Nicolás Maurón, Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor, con fecha 8 de agosto de 1884.

Acompaña el privilegio concedido por el Papa León XIII: “Para perpetua memoria, como según se nos ha manifestado debe ser expuesta a la pública veneración una imagen de la Bienaventurada Virgen del Perpetuo Socorro semejante a la que se venera en la iglesia de San Alfonso de esta ciudad, en la iglesia tutelada de San José de las religiosas Oblatas del Smo. Redentor en el pueblo, llamado vulgarmente Ciempozuelos, de la diócesis de Toledo”.

El cuadro es restaurado a causa del deterioro por los sucesos de 1936-39, y segunda restauración fue realizada el año 2020. En la Iglesia de la casa Madre, en Ciempozuelos, ella fiel compañera de camino es testigo de la devoción, fidelidad y amor de quienes se han confiado a ella a lo largo de los años.

Consagración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

La Fundadora redacta en la primavera de 1894 el Reglamento de las esclavas del Perpetuo Socorro de “las Marías” para asegurar la perseverancia de las jóvenes acogidas en las casas de las Hermanas Oblatas.

En la introducción que hace Antonia a dicho reglamento, se dirige a ellas con sencillez y claridad:

“Hace tiempo, hijas mías, que, pensando en vosotras, en vuestro porvenir, deseo asegurarlo con un vínculo piadoso que os proporcione pasto espiritual y las más posibles indulgencias. He querido sustituir al nombre de Hijas de Casa, que llevan las perseverantes, un nombre más expresivo… Haciéndolas esclavas de María, y como el Perpetuo Socorro de esta buena Madre nos es tan necesario en todos los instantes de nuestra vida, y particularmente en la hora de la muerte, os queremos poner bajo el amparo inmediato de nuestra buena Madre del Perpetuo Socorro, haciéndoos esclavas suyas y dándoos por abreviatura el nombre de Las Marías, ofreciéndoos al mismo tiempo una regla fácil de observar y unas preces particulares”.

“Mi amor a María Santísima despertándose con fuerza y recordando que María, nuestra buena Madre, gusta de oírse llamar Refugio de pecadores, y que las santas mujeres que se hicieron desde luego compañeras inseparables de la Madre de Dios, se llamaban María, después de maduras reflexiones, hemos decidido el perfeccionar la obra de las hijas de casa, haciéndolas esclavas de María, y, como el Perpetuo Socorro de esta buena Madre nos es tan necesario en todos los instantes de nuestra vida y, particularmente, en la hora de la muerte, os queremos poner bajo el amparo inmediato de Nuestra buena Madre del Perpetuo Socorro, haciéndoos esclavas suyas y dándoos por abreviatura el nombre de Las Marías, ofreciéndoos al mismo tiempo una regla fácil de observar y unas preces particulares”.

 

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