Ante el dolor provocado por el terremoto que ha golpeado a Colombia, como Familia Oblata queremos hacer llegar nuestra cercanía, solidaridad y oración a todas las personas, familias y comunidades que están viviendo momentos de angustia, incertidumbre y profundo dolor.
Nos unimos al sufrimiento del pueblo colombiano y ponemos ante Dios la vida de quienes han fallecido, pidiendo para ellos el descanso eterno. Oramos también por sus familias, para que encuentren consuelo y fortaleza en medio de esta profunda pérdida.
Agradecemos y acompañamos con gratitud a todas las personas que, con valentía y generosidad, están trabajando en las labores de rescate, atención y cuidado de quienes han sido afectados. En medio de la tragedia, sus manos se convierten en signo concreto de esperanza y fraternidad.
Nos unimos especialmente a nuestras Hermanas y sus familias, como así también a las mujeres que acompañamos en los proyectos de misión, laicos, voluntarios y colaboradores. Ponemos en las manos de Dios a Colombia y a cada una de las personas afectadas por esta tragedia.
A todo el pueblo colombiano: reciban nuestro abrazo de hermanas, nuestra oración y nuestra cercanía.








