Hoy, 27 de junio, las Hermanas Oblatas celebramos con especial alegría la fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Esta advocación, tan querida y presente en nuestra espiritualidad, nos recuerda que, en el caminar diario junto a las mujeres que viven situaciones de exclusión o son víctimas de trata, nunca estamos solas.
María, bajo este título, se nos presenta como el socorro que no se agota. También como esa mirada atenta que nos impulsa a seguir adelante cuando los desafíos parecen superar nuestras fuerzas. En nuestros proyectos, desde los centros de atención integral hasta los espacios de sensibilización, reconocemos en ella la imagen de la acogida más profunda: esa que no juzga, que abraza el dolor y que, con una ternura inquebrantable, ofrece un refugio donde la vida puede empezar de nuevo.
Un socorro que invita a la esperanza
Celebrar hoy al Perpetuo Socorro es renovar nuestra promesa de ser, para las mujeres a las que acompañamos, un socorro presente y constante. Nuestra misión nos pide ser manos que sostienen y voces que dignifican.
En este día queremos hacer nuestro este deseo: que nuestra presencia en la vida de cada mujer sea siempre un reflejo de ese socorro que no desfallece. Que nuestras acciones sean espacios de calma donde encontrar fuerzas para reconstruir la propia historia.
A toda la Familia Oblata: ¡Feliz día de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro! Que ella nos siga guiando para que nuestra misión sea, cada día, un abrazo de libertad y un refugio de paz para quienes más lo necesitan.









