Este 28 de febrero, la gran Familia Oblata se detiene para conmemorar una fecha fundamental en nuestra historia y espiritualidad: la Pascua de Antonia María de Oviedo. Es más que un simple aniversario. Hoy celebramos la vigencia de una vida que, además de estar lejos de apagarse con el tiempo, sigue latiendo con fuerza en el corazón de la misión de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.
Hacer memoria de nuestra fundadora no es mirar al pasado con nostalgia. Es reconocer cómo su carisma continúa dando fruto en el presente. La virtud de Madre Antonia se hace tangible cada día. Reside en los gestos cotidianos de cuidado. Se mantiene en esa escucha profunda que acoge sin juzgar. La vemos en la valentía de permanecer inquebrantables junto a las mujeres.
La pedagogía de Madre Antonia sigue viva en cada rincón. Su legado nos recuerda la urgencia de mirar a la otra persona desde la dignidad absoluta. Cada mujer que recupera su voz, cada proceso de empoderamiento y cada puerta que se abre en nuestras casas es una semilla de ese legado que continúa fecundando la historia. Pero su vida, además, nos enseña que la transformación social nace de la ternura y de la firme defensa de los derechos humanos.
En este aniversario de su fallecimiento, renovamos nuestro compromiso con su sueño fundacional. Sentimos que Madre Antonia camina a nuestro lado. Que nos impulsa a ser respuestas vivas ante las nuevas formas de opresión. Hoy, toda la congregación se une para dar gracias por su testimonio. Porque mientras haya una mujer que necesite ser acogida, el corazón de Madre Antonia seguirá latiendo en nosotras.








